Sentirse importante es ser feliz.

La felicidad, está muy relacionado con que cada uno se sienta bien consigo mismo por como es, como actúa, lo que le rodea y por lo que tiene. Si cada uno está de acuerdo con todo ello, se sentirá importante y esto le hará sentirse feliz.

Claro que, todo esto es abstracto y cada uno lo siente y valora de forma distinta y a su manera, siendo esto tanto la mala, como la buena noticia.

Para una valoración y un autoconcepto positivo, se necesita cumplir ciertos factores, donde cada persona tiene los suyos propios también. Pero nunca estaremos satisfechos con las cosas que deseamos lograr y sentir y en teoría esto es bueno ya que nos ayuda a seguir persiguiendo aquello que deseamos. Aunque otras veces esos «fracasos» de no haber conseguido algo, se convierten en miedo y temor a que se repita, volviendo a ese sufrimiento del pasado (Depresión) o cosas que creemos que no seremos capaces de controlar en un futuro (ansiedad). 

Al fin y al cabo, los miedos y nuestro ego son los peores enemigos que nos dominan y nos hacen sentir a merced de ellos, lo que pone en riesgo nuestro bienestar y felicidad.

Qué elementos nos afectan para sentirnos importantes

Según la psicóloga ya fallecida Judith Rich Harris para que una persona se sienta bien consigo mismo, necesita conseguir un balance entre 2 elementos clave:

  1. La identidad de cada uno: Cómo te ves a ti mismo, tus capacidades, tus fortalezas, tu autoestima, tus creencias de ti mismo…

  2. La reputación: Como crees que te ven los demás, qué sientes que eres para el resto, las etiquetas que te hayan dado…

Como véis, el autoconcepto está bien relacionado con el entorno social que nos rodea, ya que por supuesto, somos unos seres sociales y claro que nos importa y afecta lo que los demás piensen de nosotros, sobre todo si lo hacen sobre un factor que nosotros consideramos importante.

Por cierto, eres una persona bellísima e importante. ¿Te ha afectado, verdad? Y si te digo que eres una persona inútil y que tu presencia molesta, también. Sí, las palabras son un arma muy poderosa. Por cierto, sí que eres una persona maravillosa.

Con todo esto hay que empezar a quererse a uno mismo, ya que esto sí podemos controlar y no tanto lo que los demás hagan o digan de nosotros. Pero hay veces que nos sobrepasa, ¿verdad? y esto distorsiona lo que nosotros pensamos de nosotros mismos y volver a tener pensamientos positivos de nosotros, después de un ataque externo, a veces no es tan sencillo.

Por eso, una buena autodefensa sobre los pensamientos que queremos tener de nosotros mismos , es importante. Pero es algo que no te enseñan en ningún lado y cada uno, sobrevive como puede.

Asique, al igual que te fortaleces el cuerpo haciendo deporte, la mente también hay que fortalecerla, entrenándola.

La solución a todo esto son 40 días y hacer repeticiones. Sí, repeticiones mentales de lo que quieres sentir tú de ti mismo, dichas en presente y como si fuera ya real, unos 20 minutos al día, delante de un espejo, repitiéndotelo a ti mismo durante 40 días. Y es este el gran descubrimiento que tenemos, que nuestro cerebro aprende por repeticiones, nada más. Aunque de esto, ya hablaremos más adelante.

El significado de la vida (para mi)

Desde que casi tengo uso de razón entendí qué la vida trata de sentirte libre de hacer y ser lo que quieras, respetando siempre a los demás y en la medida de lo posible, haciéndoles sentir bien. No hay satisfacción para mi más grande, que ver que por mi, la gente está más a gusto, es decir, que mi presencia les sume.

Además, si todos pensaramos así, el mundo iría mucho mejor porque todos nos cuidaríamos a todos,¿verdad? Pues sí, si no fuera que para cada uno, la libertad y el respeto, las valora a su manera.

Pero a mi, con esa filosofía no me iba mal la verdad, y era capaz de hacer amistades con gran facilidad, de no juzgar a nadie y juntarme con todo tipo de gente.

Pero claro, no siempre es tan sencillo y bonito, hay veces que tienes que pelear por seguir pensando en tus ideales y puede haber algo que no te lo permita.

La autodefensa

He descubierto que las personas, nos ponemos en cierta manera a prueba los unos a los otros para ver cuál es el límite de cada uno o hasta que punto cedemos y somos tolerantes y ver que actitud podemos tener con las personas que nos relacionamos.

Claro, esta tolerancia o esos límites a veces no son voluntarios, es decir, una persona no toleraría ciertas cosas de otra, pero no sabe como poner esos límites o no sabe como «defenderse» de ello y parece que tolera y los demás se aprovechan de ello (Consciente o inconscientemente).

Un claro ejemplo de ello es el bullying que sufren los niños (Aunque entre adultos, también pasa).

Estas «puesta a prueba» y los resultados de ellas, dan como consecuencia, unos ciertos «roles sociales»

Por eso la importancia de la autodefensa reside en dejar claro cuáles son tus tolerancias y cuales no, de una forma respetuosa, para que no sea la otra persona quien decida lo que te puede decir y hacer, y seas tú mismo.

Y no me refiero a que saques tus puños y te pongas a pelear, de hecho, la autodefensa tiene que servir para evitar esas situaciones desagradables, para dejar claro a la otra persona que tú eres quién quieres ser y no lo que él o ella quiera.

Por eso, en mi caso, esa ideología de sentirme libre y hacer sentir libres a los demás, a veces hay que defenderla. Así pues, la ausencia de esta autodefensa, es uno de los motivos por los que me siento yo mal hoy día conmigo mismo.

¿Por qué tengo esa ausencia de la autodefensa? Bien, pues no lo tengo claro, es una mezcla de pensamientos negativos abstractos, donde se basaría en pensamientos negativos sobre la naturaleza de las personas y el hecho de socializar, que me da auténtico pánico ya no enfrentarme, sino que defenderme a mi mismo.

La no importancia del Yo

Ese miedo que yo tenía, neutralizaba mi propia autodefensa en mi forma de ser, donde me considero que soy una persona positiva, empática, graciosa, social, extrovertida, sinverguenza, amable y que le gusta hacer sentir bien a los demás.

Claro, como en todo, habrá personas a las que le guste como soy y otras no. Pero esa falta de autodefensa y evitar que lo negativo no me afecte dándome importancia a mi mismo, hace que le de más importancia al entorno, sintiéndome vulnerable y viendo a la gente como mis posibles enemigos ya que dependo de sus comentarios, para sentirme bien o mal.

Yo no entendía como aquel miedo abstracto hacía que mi autodefensa desapareciera, hasta que un día, le dí la respuesta más lógica que puede haber: Yo no importo nada.

Pero no por el hecho de ser yo, sino porque cada persona, cada ser vivo de este mundo, solo busca el beneficio propio en todo momento, pudiendo pasar el resto a un segundo plano. Entonces yo, que buscaba la felicidad mía a través de estar bien y sentirme importante para los demás, se me desmontó por completo, ya que solamente veía a gente egoista que busca su beneficio, no siendo yo nada de importante en absoluto para ellos y consecuentemente, para mi mismo tampoco.

Sí, me siento un poco como en una escena futurista del cyberpunk, donde le mundo es un caos y está hecho mierda y cada uno sobrevive como puede, no fiándose de nadie y teniendo una actitud poco amable.

Llevo ya 25 años sintiéndo a la gente como algo peligroso para mi, con miedo de enfrentarme a posibles «conflictos» con ellos,  viéndome que no tengo autodefensa y viendo a todo el mundo como algo totalmente ajeno a mi, sin poder darme ningún tipo de importancia a mi mismo. Estos pensamientos en bucle sin parara desde entonces.

Como veremos en mi historia, esto tuvo su etapa y desarrollo.

Miedos heredados y la gelatofobia

Empezaremos por este elemento, que creo que es la clave de todo. En mi familia, hemos crecido con un cierto miedo a lo social por algo que ya contaré en mi historia. Pero lo cierto es que había un sentimiento de cierto rechazo del entorno en el que viviamos a nuestra familia.

Puede que ese rechazo no fuera real, pero el sentimiento sí lo era para mi familia y en ese sentido nos aislabamos del resto. Eso hizo que yo también tuviera ese miedo en ciértos ámbitos de mi vida, sobre todo empecé a ver las risas, como algo que me pudiera poner en peligro o algo que me pudieran tomar de tonto.

Claro, las risas y el humor nos gustan a todos, pero cuando te tomas de una forma insegura y como si fuera un ataque esas risas, puede ser muy doloroso. Yo al ser una persona graciosa, tenía un problema con ello.

Y con tal mala suerte que lo interpreté de una manera equivocada y ese miedo se convirtió en realidad, dándome prácticamente sensaciones de rechazo y gelatofobia, contaminando la ideología positiva que yo tenía de la vida, dejándome fuera de lugar de la vida y preguntándome «¿Qué soy yo?»

LA idea de no ser importante

No entendía por qué ese miedo hacia los demás, donde luego fuí relacionandolo con que la gente se puede reír de mi y me podía hacer verme de menos, existía. Además, existía en ciertos ámbitos, es decir, no dependía de las personas, sino del lugar en el que nos encontrábamos.

Por ejemplo, la calle, pensaba que ahí la gente se transformaba y era un salvese quien pueda, donde cada uno buscaba la manera de sobrevivir en ella, siendo un lugar no seguro para mi.

Pero seguía sin tener sentido todo ello… entonces justifiqué, ese miedo y ese malestar que los demás podían producir en mi, con una verdad absoluta y es que «todo el mundo busca lo mejor para si mismo».

Y por su puesto que eso es así, cada uno, tú, yo… en el fondo queremos lo mejor para nosotros y nos movemos en base a ello verdad? Es decir, lo que más nos importa somos nosotros mismo, algo que es innegable.

Pero el utilizar esa verdad, como justificación de mi malestar, me hizo ver, que yo no soy nadie, no pudiendo socializar como antes y además de que me dió esa cierta duda existencial, lo relacionaba directamente con esa sensación de menosprecio hacia mi por los demás, por lo que esa fue la clave de que ese miedo se trasladase a todos y cada uno de los ámbitos de mi vida.

la autoexigencia y el autosabotaje

Lo peor no es que me hubiera sentido dolorido, menospreciado, humillado y rechazado, lo peor es que a día de hoy, no sé si por autoexigencia de no haber arreglado eso en su momento y de haberme sentido así, es como que esa sensación está ahí pendiente.

Es decir, si por algún casual, me olvido de lo malo y me centro en pasarlo bien, siempre me viene a recordar aquella vez en la que me sentí humillado por ser quien era, como que eso no lo tengo que olvidar y no soy capaz de dejarlo atrás, como si fuera mi debilidad y que si me vuelve a ocurrir, pasaré por lo mismo.

Entonces, siento como esa sensación, después de 20 años aún no se me ha ido, estoy clavado en aquello y me autosaboteo constantemente y no me perdono a mi mismo por sentir aquello y no saber afrontarlo.

Entonces, eso también me da una sensación de debilidad y cobardía que no me deja cuidarme a mi mismo y no me deja verme seguro de vivir mi vida con tranquilidad.

Sin apoyos y no mostrar debilidad

Los apoyos creo que tengo muchos y ahí están, lo que pasa es que yo no siento confianza o no he aprendido a que cuando estoy mal, me apoye en otros.

Puede ser esto un tema cultural, los vascos en general o mi entorno por ejemplo, no solemos contarnos las sensaciones o cosas desagradebles que nos pasen a nivel emocional. Además que yo particularmente y con esa idea de «no ser importante» aún más, pienso que no quiero aburrir con mis problemas a los demás.

En este sentido es culpa mía por no apoyarme en los demás. Pero es que además, siento que el mostrar mi punto débil, puedo dar el poder a gente que en algún momento puede usarlo en mi contra y hacerme aún más daño o darme en el punto débil. Esto no tiene mucho sentido y es un poco paranoya, pero es lo que siento y no me deja tampoco en apoyarme en los demás.

El contar tus cosas, creo que tienes que hacerlo cuando sientas que eso te puede ayudar, pero no es mi caso. Me puede ayudar sí, pero también el orgullo de ser así de débil mentalmente y que no debería de tener yo este problema, me frena en querer afrontarlo también o en trabajarlo.


Y por eso, esta web me gustaría utilizarla como una forma de expresarme mia, para hablar sobre conceptos y que si alguien se anima a debatir, charlar y a todo lo que se aportar y que le sea de ayuda a los demás, encantado.